
La fascinante “NOCHE” de Stanley
Periódico La Nación
Crítica de arte
Juan Bernal Ponce
23/11/99
La noche estaba bien avanzada cuando Rodolfo Stanley entró en el salón. El aire estaba lleno de rocola y humo, las figuras se desplazaban al ritmo de la seducción y el sexo. El pintor saco disimuladamente su libreta y anoto algunos contornos y siluetas con trazos rápidos ; lo demás, lo guardo en su esponjosa memoria. Así pudo pintar luego en su taller esta Serie La Noche, que mas que un reportaje al bajo mundo, es un descenso a los infiernos¨a la manera de los románticos.
Esta muestra es una intensa visita al contramundo de las pasiones sesgadas y el amor a pagos, un testimonio de la angustia alcohólica seguida del apareamiento y la resaca, pero toda la iniquidad emerge artísticamente de las telas, con colores finos y una tierna textura, untosa y gruesa, que deja entrever el elocuente dibujo bajo capas y capas de leve pigmento.
El artista ejerce una observación aguda de las facciones iluminadas con focos estentóreos y contrastes violentos de sombras, se fascina por el detalle finamente descrito: cierta botella verdemusgo con su brillos lívidos, colillas por docenas baja la cama ese perro infame que husmea los residuos de la bacanal.
La augusta presencia de la vieja rocola, abirragada cual corbeta musical hecha de contradictorios materiales domina el ambiente mientras una ¨striptisera¨ desnuda carnes
abundantes en primer plano, determinando una vertical canónica que se erige en dictadora de una composición cercana a la sección áurea.
Otro cuarto es escenario de concursos extraños, competencia de posaderas gastadas ante una concurrencia varonil jocosa que aparece en contraluz violenta, en resplandor pálido muy ämighetiano¨, un enceguecedor estallido blanco que recorta siluetas contorsionadas.
En todo eso hay un inmenso cúmulo de observación y un elaborado proceso en el que se escogen y rechazan las sugerencias crudas para darse luego a la tarea de concebir combinatorias acertadas y fecundas, seguidas del rito de trazar la trama dibujística de la tela, de contraponer masas y de configurar las coreografías con las actitudes y los gestos: cierta cadera masculina muy quebrada, el rictus de una mano, los ojos vidriosos de trasnochada.
No es poco merito no repetirse, entregarnos un muestrario completo de escenas y composiciones novedosas, encuadres cinematográficos recortados cuidadosamente. Mucho oficio de diseñador ayuda a dominar una realidad espesa y abundante que puede escaparse de las manos desparramándose para perder su capacidad de impacto, convirtiéndose en jolgorio lejano al arte, en manoseo fútil.
Por el contrario, el artista Stanley nos enseña su saber hacer, no solo saber ver, así logra una obra dotada de altos valores emotivos estéticos. Su colección homenaje a la noche no solo marca un giro en su carrera, sino que reafirma su posición relevante en el panorama plástico actual.